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Visten trajes viejos o anticuados, portan paraguas rotos y carteras
pasadas de moda y se ponen innumerables adornos y aditamentos
que no guardan ninguna relación con el traje y más bien desarmonizan.
Son tipos estrafalarios
y extravagantes. Hacen gestos, muecas y payasadas, para divertir
al público.
Un cuerpo de
filarmónicos o chicheros ejecutan los típicos sones de toros
o cachos. También se lleva una carroza, que consiste en una
carreta tirada por bueyes, adornada con tallos de chagüite,
palmas de coco y corozo y banderines de papel de china.
En ella se puede
apreciar la causa del Torovenado, la razón de la promesa. Sobre
una tijera de lona o bramante va un enfermo, quejándose constantemente,
el doctor que lo atiende, la enfermera que lo asiste en sus
necesidades. Los torovenados de la carroza hacen las diligencias
del caso con mucha comicidad, todo con el objeto de mover a
risa a la concurrencia.
En último término
va una pequeña imagen de San Jerónimo, cargada en andas por
los parientes del Promesante. En cada esquina se disparan cohetes.
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