El
23 de mayo de 1492, los vecinos de la pequeña villa de Palos
fueron convocados en la iglesia parroquial de San Jorge, donde
en presencia de Colón y fray Juan Pérez se leyó
la orden real.
El
pueblo de Palos era requerido para abastecer y armar dos carabelas,
a fin de que Colón pudiera salir donde los soberanos le
enviaban.
La Corona pagaría por anticipado cuatro meses de sueldo a las
tripulaciones, en la cuantía normal para la navegación de altura.
Se
consiguieron la Pinta (de Gómez Rascón y Cristóbal Quintero)
y la Niña (de Juan Niño). Seguramente fue Juan Pérez quien atrajo
a la causa a los hermanos Pinzón, pertenecientes a una antigua
familia de marineros y armadores de Palos. Las tripulaciones
afluyeron incluso para la tercera unidad, la nao la Gallega
( de Juan de la Cosa), fletada por Colón y rebautizada con el
nombre de Santa María. Tanto Santangel como Colón pidieron considerables
cantidades de dinero a préstamo.
Una
circunstancia que contribuyó a retrasar el viaje fue la expulsión
de los judíos. En principio se había decidido que todos los
judíos no conversos abandonarían el país antes del 30 de junio,
pero la imposibilidad de cumplir dicho plazo hizo ampliar la
fecha límite hasta el 2 de agosto. Los judíos más ricos fletaron
barcos en todos los puertos españoles y los cargaron de gente
y efectos personales. Quizá los armadores de Moguer y Palos
pensaron que podían obtener mayores beneficios si los dedicaban
al transporte de judíos, y por ello no estuvieron bien dispuestos
a fletar sus carabelas a Colón, quien a menudo se quejó de las
malas cualidades marineras de la Santa María. Según las versiones
la cifra de judíos expulsados en 1492 oscila entre 160.000 y
800.000.
Colón
aguardó hasta el último momento la fecha de expulsión, y entonces
fijó su salida para el 3 de agosto. Las tripulaciones subieron
a bordo la tarde del día 2.En las tres naves embarcaron noventa
hombre, aunque algunos hablan de ciento veinte. En la nao capitana
acompañaban a Colón, capitán general, el maestre y propietario
Juan de la Cosa y el piloto Peralonso Niño. En la Pinta iba
el capitán Martín Alonso Pinzón; Francisco Martín Pinzón era
maestre, y Cristóbal García Sarmiento, piloto. La Niña era mandada
por Vicente Yáñez Pinzón; el propietario de la nave, Juan Niño,
iba como maestre, y Sancho Ruiz de Gama como piloto. El 6 de
septiembre, las tres naves zarparon de La Gomera (I. Canarias)
rumbo al Oeste. El 7 de octubre alteraron el rumbo al Oessudoeste.
Dos horas antes de la medianoche del 11 de octubre atisbaron
una luz, y San Salvador (Guanahaní) fue avistado al amanecer.
Colón
desembarcó y tomó posesión de la isla para España.
Sucesivamente, las naves visitaron Santa María de la Concepción
(Rum Cay), Fernandina (Long Island), Isabela (Crooked Island)
y la isla de Arena (Little Ragged Island).
El
12 de octubre al amanecer vieron con sorpresa, una escena de
extraordinaria belleza: tenían ante sus ojos una bella tierra
sembrada de bosques y flores tropicales; vieron además los hijos
de aquella tierra que asombrados miraban los navíos; era la
isla de Guanahaní, que Colón llamó San Salvador.
Desembarcaron
allí, Colón dio gracias a Dios, besó la tierra descubierta y
tomó posesión de ella en nombre de los Reyes de España. Los
naturales miraban a aquellos seres como algo superior, los recibieron
con respeto y les informaron que hacia el sur había oro en abundancía,
siguieron aquella dirección , siguieron aquella dirección y
descubrieron Cuba y la Española, llamada después Haití. Uno
de los buques naufragó, tuviendo que dejar en la Española a
35 hombres que organizaron la primera colonia.
Antes
de fondear en un puerto de Cuba llamado posteriormente San Salvador
(Bahía Blanca). Colón se creía en Cipango, pero llamó al país
Juana. Navegaron al Oeste hasta el Río de Mares (Puerto Gibara),
y encontraron vientos de proa cerca del actual Puerto Padre.
La convicción de que aquella costa pertenecía al continente
asiático comenzó a prosperar. Regresaron al Río de Mares y navegaron
hacia el Este rumbo a las islas Doradas de Babeque (Gran Inagua).
El
22 de noviembre, la Pinta se apartó de las otras naves. La Santa
María y la Niña fondearon en el puerto de Santa Catalina (Puerto
Cayo Moa), Puerto Santo (Baracoa), Puerto de San Nicolás (Haití),
Puerto de la Concepción (Baie des Moustiques) y Mar de Santo
Tomás (Baie de l´ Ácul).
El
24 de diciembre, la Santa María encalló y se hundió a la altura
del actual cabo Haitien.
Dos
días después se fundó la fortaleza de La Navidad, primer asentamiento
colonial en América. El 6 de enero de 1493, la Pinta se reunió
con la Niña a la altura de Monte Cristi (República Dominicana).
Cinco
días más tarde, los españoles lucharon por primera vez contra
los taínos en Puerto de las Flechas (Bahía de Samaná). El 16
de enero, la dos naves iniciaron el viaje de regreso. Un temporal
las separó, y tras una breve escalada en Santa María, la Niña
fondeó en Rastelo, el puerto exterior de Lisboa. El 9 de marzo,
Colón visitó a Juan II en Val do Paraiso, y el 15 la Niña arribó
a Palos.
A
primero de abril, encontrándose en Sevilla, el Almirante recibió
una carta de los reyes, que le confirmaban los títulos prometidos
en Santa Fe y le rogaban que acudiese a Barcelona a fin de preparar
una nueva expedición. Antes de partir, el Almirante escribió
un largo memorial destinado a Isabel y Fernando, donde daba
sus ideas para la primera colonización a gran escala de las
tierras recién descubiertas. Entre otras cosas sugería que la
Española fuese colonizada por dos mil emigrantes voluntarios,
y proponía medidas para el control del oro que se hallase. En
el momento del triunfo hizo una propuesta que después lamentaría:
la de permitir el descubrimiento de nuevas tierras a cuantos
quisieran realizarlo.
Para
obtener del papa Alejandro VI el reconocimiento de sus derechos
sobre las islas y cualquier continente que pudiera encontrarse,
los reyes enviaron inmediatamente instrucciones a su representación
en Roma. A finales de marzo, la carta
que Colón había enviado a Luis de Santángel fue impresa en Barcelona;
en 1493 aparecían nueve ediciones en idiomas distintos.
El
Almirante fue recibido a mediados de abril por los reyes en
el palacio del Tinell de Barcelona. Allí hizo Colón el relato
del viaje, presentó a los seis indios que habían sobrevivido
a la travesía de regreso y mostró el oro recogido. Los soberanos
se arrodillaron y con ellos todos los presentes, agradeciendo
a Dios los favores recibidos. A Colón se le concedió el privilegio
de incluir en su escudo de armas los emblemas oficiales de Castilla
y de León, y se le otorgó una donación de mil doblones. Los
indios fueron bautizados, actuando como padrinos los propios
reyes.
La
decisión del papa Alejandro VI, español de nacimiento, llegó
a Barcelona a finales de mayo: era una bula mediante la que
disponía que todas las tierras descubiertas por los soberanos
de Castilla les pertenecía, siempre y cuando no fuesen ya propiedad
de otro príncipe cristiano. Como una bula Anterior prohibía
a los españoles hacer descubrimientos al sur de las Canarias,
y de la carta de Santangel se deducía que las islas recién descubiertas
estaban al sur de las Canarias, Colón propuso una gestión que
indujese al papa a asignar a Castilla todas las tierras al occidente
de una línea de polo a polo, cien leguas al Oeste de las Islas
Azores y Cabo Verde. Una nueva bula, que ampliaba la concesión
papal a Castilla, fue publicada el 26 de septiembre. El soberano
portugués no se amilanó, consciente de que su superioridad naval
le permitía obstaculizar a los castellanos el acceso a las Indias,
optó por negociar directamente con los Reyes Católicos. El resultado,
obtenido cuando Colón ya se hallaba nuevamente en América, fue
el Tratado de Tordesillas de junio de 1494, por el que la línea
de demarcación era trasladada 370 leguas al Oeste de Cabo
Verde, lo que permitió que el futuro Brasil quedase en el área
portuguesa.