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Los filibusteros aparecieron en la hacienda entre 5 y 7 de la
mañana, del 14 de septiembre, comandados por el Teniente Coronel
Byron Cole y se dividieron en tres cuerpos: el derecho capitaneado
por el propio Cole y Robert Milligan, el centro por el Mayor
J.C O'neil y el izquierdo por el Capitán Watkins.
Los patriotas
que habían hecho trincheras para defender la casa y los corrales
de madera, se dividieron en tres frentes o compañías ligeras,
con 50 soldados, más o menos en cada posición.
El Coronel José
Dolores Estrada dirigía y unificaba operaciones desde los corredores
norte, sur y oriente de la casa con la ayuda del Teniente Coronel
Patricio Centeno. El retén o centinela, Faustino Salmerón, puesto
por Estrada dió ordenes inmediatas y la tropa se tendió en sus
tres puntos de defensa. Los filibusteros, auxiliados por la
neblina espesa, se acercaron hasta pocos metros de la defensas
patriotas, con orden de no disparar, hasta estar a boca de jarro.
Por coincidencia los soldados nicaragüenses habían recibido
la mismo orden, por la escasez del parque, así que la primera
descarga de el primer encuentro fue tremendamente mortífera.
Durante dos horas
los filibusteros trataron de asaltar los tres frentes siendo
rechazados. Entonces los filibusteros comprendieron que tanto
los corrales de piedra como la casa hacienda eran inexpugnables
de frente. Se retiraron momentáneamente, concertaron el plan
de ataque los oficiales y al grito de" ¡Hurra Walker!",
lanzaron todo el peso de las tres columnas sobre el flanco izquierdo
que era el más débil. La primera descarga patriótica los rechaza
y caen muchos invasores muertos. Pero cae también el Capitán
Sacaza y el oficial Bolaños. Los nicaragüenses no tienen tiempo
casi de cargar sus lentos rifles de chispa y ven saltar sobre
ellos, tiros incesantes de armas de repetición a los filibusteros.
Se lucha cuerpo
a cuerpo: a bayoneta, a machete, hasta con piedras. Andrés Castro
viendo un filibustero saltar una trinchera y no teniendo cargado
su rifle toma una piedra y lo mata de un certero golpe. Cae
muerto el oficial Ignacio Jarquín y también el Capitán Watkins.
Retroceden los filibusteros y vuelven al instante al ataque.
En la acometida Marshall, Milligan y Byron Cole gana el corral
y a gritos alientan a sus soldados para que tomen las trincheras.
El oficial Venancio
Zaragoza con varios soldados, sintiéndose entre dos fuegos,
salta el corral y huye. Parece ya perdido el corral de madera
y el flanco patriota izquierdo.
Eran las 10 de
la mañana. La derrota parecía amenazar a las tropas nicaragüenses.
Cortado en sus posiciones, se lucho cuerpo a cuerpo y los filibusteros
presionando cada vez más sobre las defensas del corral para
ganar la casa. Las órdenes tenían que darse y contestarse a
gritos desde la casa hasta los oficiales. El Mayor O'neil ve
que las defensas nicas están cediendo y ordena un cuarto asalto
que toma el corral a costa de muchos muertos.
"Talvez
estuviéramos escribiendo una derrota, dice en este momento del
combate el General Estrada, si el Teniente Eva, Vélez y Solís
con Manuel Marenco no se resuelven a morir primero que abandonar
el punto de donde les hacían resistencia". El punto era
el estrecho terreno que quedaba entre el corral y la casa.
Detrás de esos
valientes oficiales los soldados parapetados en el corredor
de la casa hacían fuego de fusilería. Entonces agrega el General
Estrada "dispuse que el Capitán Cisne, el Teniente Siero
y el Oficial Fonseca saliesen a flanquear". En efecto salieron
ocultamente por el costado sureste de la casa con tres guerrillas
y entre el monte y la serranía aparecieron de pronto a espaldas
de los filibusteros que ya se creían victoriosos al grito de
¡Viva Martínez!.
Cayeron sobre
los yanquis. Al interrumpir las guerrillas gritando y disparando,
la yeguada y potros de la hacienda se espantó y corrió en tropel
al corral donde acostumbraba guardarse. Los filibusteros vieron
caer sobre ellos a los valientes guerrilleros, sufriendo el
impacto de sus descargas y sobre eso oyeron entre el monte,
el tropel de potros creyendo que a la infantería venía agregada
una furiosa tropa de caballería. Perdiendo la cabeza saltaron
en retirada los corrales donde Cisne, Siero, Fonseca y sus soldados
cayeron sobre ellos a la bayoneta. De la casa se oyeron gritos
de triunfo. Entonces... Los nicaragüenses vieron que el sol
iluminaba su resonante victoria sobre los invasores. Eran pasadas
las 11 de la mañana. Los ánimos enardecidos y la sangre de los
caídos encendió la furia nativa. Saltaron en persecución de
los filibusteros en huída, con bayonetas y machetes, con revólveres
y armas que recogían de los vencidos y con lazos los que pudieron
montar a caballo, organizaron la persecución a muerte. Al frente
de los implacables perseguidores victoriosos iba el valiente
y terrible Bartolo Sandoval (alias El Loco) y el Teniente Miguel
Vélez. Al filibustero que daban alcance o lo colgaban de un
árbol o lo decapitaban para economizar parque.
El Sargento Francisco
Gómez persiguió con tal ardor a un grupo de filibusteros que
cayó muerto de cansancio.
Faustino Salmerón
dio alcance al Comandante Byron Cole, que se había extraviado,
y lo colgó de un árbol. Los patriotas llegaron en persecución
del enemigo hasta la actual hacienda San Ildefonso. El pánico
de los filibusteros fue tan grande, según el propio Walker,
que llegados a Tipitapa, volaron el puente temiendo un ataque
inmediato a aquella villa. Las bajas de los patriotas fueron
entre 38 y 55 según los diversos cronistas. Las bajas
de los filibusteros fueron entre 27 de que habla Estrada en
su propio parte y de 35 caídos en combate más 18 ejecutados
en la persecución, según narra Eva. Entre los filibusteros que
huyeron iba un gran número herido y muchos murieron después.
En esta acción,
los filibusteros pusieron en práctica un ataque de penetración,
sin tratar de envolver ni rebasar al contrario: primero de tanteo,
por las tres columnas, luego de esfuerzo sobre el punto vulnerable.
La defensa se organizó en tres grupos de resistencia, aprovechando
las características del sitio. El movimiento envolvente de los
patriotas fue oportuno y eficaz. En este combate la superioridad
del número de armas fue desvirtuada por el ardor patriótico
y la habilidad táctica de los nicaragüenses.
En San Jacinto
"al invasor se le arrebató para siempre la fe en la victoria"
y la estrella de Walker comenzó a declinar.
El canto patriótico
de los clarines anunció la victoria, llenando de júbilo el corazón
la victoria, llenando de júbilo el corazón de la patria. San
Jacinto fue el solio sobre el cual quedó asegurado el monumento
de nuestra independiente.
El heroísmo nicaragüense,
altivo e invencible, mantuvo a raya al invasor. La bandera de
nuestra Patria nunca flameo más libre y soberana sobre las dilatadas
llanuras de San Jacinto.
Estrada aumentó
sus fuerzas hasta formar un batallón que llamó San Jacinto y
marchó a Masaya, a donde entró la tropa orgullosa, coronada
las armas con ramas y flores, el día 6 de octubre.
Todas las fuerzas
centroamericanas estacionadas en Masaya hicieron calle de honor
y vitorearon con entusiasmo a sus amigos vencedores.
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